A lo largo de sesenta días, Atef describió en su diario la pesadilla: el silbido de los misiles contra panaderías, escuelas y hospitales, las visitas a su joven sobrina mutilada en el hospital, el asesinato de sus familiares, vecinos y amigos más íntimos, las colas eternas para conseguir harina o agua, los paseos por la devastación del paisaje de su infancia.
Un testimonio desgarrador que nos abre los ojos ante un genocidio desplegado a tiempo real delante de nosotros y del que no podemos ni queremos ser cómplices.