POLEN Novalis

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POLEN Novalis

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AÑO DE PUBLICACIÓN
2020

NÚMERO DE PÁGINAS
48

Los textos (fragmentos, mejor dicho) que componen Polen de Novalis  pueden ser considerados entre los escritos más difíciles y, a la vez, más hermosos de la literatura alemana. Con ese libro, Novalis (cuyo nombre real era Friedrich von Hardenberg, 1772-1801) hizo su debut poético-filosófico en 1798 en la revista romántica Athenaeum.

Resumir el contenido de este libro es casi imposible. Cada uno de los fragmentos aborda temas muy diversos y complejos, como la filosofía y la educación, la religión y la antropología, la poesía y la teoría del Estado. El primer texto del libro es casi programático para el primer romanticismo: 

Buscamos por doquier lo absoluto y lo que encontramos son cosas.

Una búsqueda que, sin embargo, no se puede alcanzar o representar sin más.

Para lograrlo, Novalis recurre al Witz que, en sus tres aspectos como arte performativo, juego y arte de la combinación y la hibridación, busca superar la diferencia entre lo finito, lo sensorial de lo infinito y lo trascendental, espiritual a través de metáforas y símbolos capaces de mediar entre contradicciones. En esto, el primer romanticismo es similar a los primeros idealistas Fichte y Schelling, cuyos pensamientos Novalis estudió con entusiasmo. Y tales figuras fueron las mediadoras para que Novalis defina su “romantizar” el mundo: 

El mundo tiene que ser romantizado. Así se volverá a encontrar el sentido original. La romantización no es más que una potenciación cualitativa. (…) Al darle a lo común un significado elevado; a lo ordinario, un aspecto misterioso; a lo conocido, la dignidad de lo desconocido; a lo finito, una apariencia infinita, romantizamos. 

Y no sólo esta operación eleva al yo, Novalis también sitúa al universo en el propio ser humano para socavar los límites entre lo humano y naturaleza, entre el mundo interior y exterior: 

Soñamos con viajes por el universo, ¿no está en nosotros mismos? No conocemos las profundidades de nuestro espíritu. El misterioso camino conduce hacia el interior. 

Tanto la naturaleza como las ideas se yerguen como un bien común, esa noción de “comunidad” en el sentido romántico también se despliega en Polen:

La naturaleza es enemiga de las posesiones eternas. Destruye todo signo de propiedad según leyes férreas, elimina todo indicio de formación. La tierra es de todos los seres vivos y cada uno tiene derecho a todo. Quienes estuvieron primero no tienen nada que agradecerle a esa coincidencia primigenia. Tarde o temprano, expirará todo derecho de propiedad. (…) Pero si el cuerpo es una propiedad con la que solo adquiero los derechos de un habitante activo de este planeta, entonces, no puedo perderme a mí mismo por su pérdida. 

El pensamiento se entiende más bien como un continuo “filosofar-juntos”.

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Polen, de Novalis

Los textos (fragmentos, mejor dicho) que componen Polen de Novalis  pueden ser considerados entre los escritos más difíciles y, a la vez, más hermosos de la literatura alemana. Con ese libro, Novalis (cuyo nombre real era Friedrich von Hardenberg, 1772-1801) hizo su debut poético-filosófico en 1798 en la revista romántica Athenaeum.

Resumir el contenido de este libro es casi imposible. Cada uno de los fragmentos aborda temas muy diversos y complejos, como la filosofía y la educación, la religión y la antropología, la poesía y la teoría del Estado. El primer texto del libro es casi programático para el primer romanticismo: 

Buscamos por doquier lo absoluto y lo que encontramos son cosas.

Una búsqueda que, sin embargo, no se puede alcanzar o representar sin más.

Para lograrlo, Novalis recurre al Witz que, en sus tres aspectos como arte performativo, juego y arte de la combinación y la hibridación, busca superar la diferencia entre lo finito, lo sensorial de lo infinito y lo trascendental, espiritual a través de metáforas y símbolos capaces de mediar entre contradicciones. En esto, el primer romanticismo es similar a los primeros idealistas Fichte y Schelling, cuyos pensamientos Novalis estudió con entusiasmo. Y tales figuras fueron las mediadoras para que Novalis defina su “romantizar” el mundo: 

El mundo tiene que ser romantizado. Así se volverá a encontrar el sentido original. La romantización no es más que una potenciación cualitativa. (…) Al darle a lo común un significado elevado; a lo ordinario, un aspecto misterioso; a lo conocido, la dignidad de lo desconocido; a lo finito, una apariencia infinita, romantizamos. 

Y no sólo esta operación eleva al yo, Novalis también sitúa al universo en el propio ser humano para socavar los límites entre lo humano y naturaleza, entre el mundo interior y exterior: 

Soñamos con viajes por el universo, ¿no está en nosotros mismos? No conocemos las profundidades de nuestro espíritu. El misterioso camino conduce hacia el interior. 

Tanto la naturaleza como las ideas se yerguen como un bien común, esa noción de “comunidad” en el sentido romántico también se despliega en Polen:

La naturaleza es enemiga de las posesiones eternas. Destruye todo signo de propiedad según leyes férreas, elimina todo indicio de formación. La tierra es de todos los seres vivos y cada uno tiene derecho a todo. Quienes estuvieron primero no tienen nada que agradecerle a esa coincidencia primigenia. Tarde o temprano, expirará todo derecho de propiedad. (…) Pero si el cuerpo es una propiedad con la que solo adquiero los derechos de un habitante activo de este planeta, entonces, no puedo perderme a mí mismo por su pérdida. 

El pensamiento se entiende más bien como un continuo “filosofar-juntos”.

 

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